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lunes, 9 de marzo de 2020

Ruta al Geositio Apreturas del Almonte - Cabañas del Castillo, Geoparque Villuercas

Subir a Cabañas del Castillo

Las dehesas de BerzocanaDespués de varios días haciendo actividades de educación ambiental en el CRA de Las Villuercas, en pleno Geoparque, el amigo Andrés, profe entrañable y muy comprometido con sus alumnos y la conservación del medio ambiente me invitó a comer a su casa y conocer a su familia. 
Al aparcar allí arriba, en lo alto de la plaza y volver a observar las vistas me sentí de nuevo como en casa. Este pueblo, que me había acogido hace años con las actividades de naturaleza y cultura de Miguel y La Posada del Halcón, el pequeño restaurante rural que llevaba junto con su mujer, siempre me ha hecho sentirme bienvenida, a pesar de su diminuto casco urbano embutido entre los canchos de granito, o quizás por eso. 

Castillo de Cabañas del Castillo.

Después de una agradable comida en casa de Andrés, me indicaron cómo llegar al sendero de las Apreturas del Almonte, una ruta a la que le tenía muchísimas ganas. El día estaba caluroso a pesar de ser febrero, así que llené la cantimplora y allá que me encaminé. 

Comenzando la ruta

Avanzando desde la plaza hacia donde estaba La Posada del Halcón, en dirección Norte y dejando el castillo a mano derecha, se sale enseguida del pueblo y comienza el sendero entre paredes de piedra de las fincas. Algunos robles y encinas bordean el camino y dan sombra con sus poderosas ramas, creando un ambiente muy acogedor mientras se baja en dirección a las Apreturas del Almonte. Huele a tierra recién labrada, las abejas ya están entusiasmadas con las primeras flores y se oye trinar a herrerillos, carboneros y petirrojos con felicidad. 

Después de unos cientos de metros el camino se estabiliza, gira hacia el oeste y la vegetación cambia. Ahora son pinos los que alfombran el suelo con sus agujas y susurran con cada soplo de viento, acompañando sus cantos con el repicar de algún carpintero. 

En un recodo, se dejan ver algunas de las formaciones geológicas que caracterizan a este geositio, con sus cuarcitas armoricanas afiladas, formando el llamado relieve apalachense. Es en este sitio donde el río Almonte, con cierto caudal ya, huye de la anticlinal del Almonte-Navezuelas y se escapa hacia las llanuras del Tajo, donde desemboca.

 

Ranunculus sp

Bajo los pinos encontramos alguna vegetación interesante, como estos ranúnculos, (Ranunculus sp.) o los narcisos (Narcissus triandrus), restos de la flora artoterciaria, es dedir, flora que ha sobrevivido hasta nuestros días desde el Mesozoico... antes de las glaciaciones y de que las temperaturas subieran y descendieran las precipitaciones. Era una época mucho más húmeda y un poco más fresca, en la que también evolucionaron otros géneros como Pinus, Quercus, Fagus, Betula, Alnus y el resto de géneros que hoy conocemos como componentes principales de la flora del reino Holártico

Narcissus triandrus


Tras el bosque de pinos encontramos otro tipo de vegetación que nos indica que ya estamos bastante abajo y casi hemos cambiado de piso bioclimático: alcornoques mezclados con encinas, formando un dosel lleno de líquenes y apenas sin arbustos en el que da la impresión de que te vas a encontrar un velocirraptor en cualquier momento. 


Tras el puente. 

El sendero ha perdido ya inclinación y es casi plano, serpenteando por las estribaciones de la umbría. La temperatura desciende, las tardes todavía son cortas y aún se siente el recuerdo del invierno. 

De repente ya se escucha el agua y en seguida podemos ver delante de nosotros un pequeño puente de piedra. Uno casi espera ver escondido un troll debajo, esperando camuflado con su piel rocosa a que pases para pedirte el peaje con un garrote de madera retorcida hecha a partir de una rama de alcornoque. El río es cristalino y se pueden adivinar pececillos y algún que otro tritón haciendo sus cosas de anfibios. A los lados del río crecen zarzas que en agosto seguramente estarán cuajadas de moras; me lo apunto mentalmente para volver este verano. 

Al llegar al puente no hay que dejarse engañar: apetece cruzarlo en busca del travieso troll, pero la ruta no es por ahí, sino que continúa hacia la izquierda, bordeando el río Almonte que ya empieza a tener cierto carácter juguetón. 

Más adelante, tras cruzar un prado de helechos donde casi se puede perder el sendero, encontramos uno de las decenas de antiguos molinos harineros que hay en este río. Aquí es donde comienza una de las rutas de los Molinos del Almonte, que acompaña el recorrido del río a su salida de las sierras de las Villuercas. Aguas abajo de esa ruta hay otra ruta mucho más desconocida que recorrí hace unos años. 


Un poco más adelante empezamos a vislumbrar lo que son las verdaderas Apreturas del Almonte: rocas tan duras que ni siquiera la fuerza de este río casi recién nacido han podido doblegar. 


En este lugar podemos observar las capas de los estratos  en forma casi vertical: esto quiere decir que la corteza terrestre ha sufrido presiones enormes que la han hecho terminar de esta forma. Estas cuarcitas pueden ser muy resbalosas con lluvia o con niebla, y hay que tener cuidado también con los charcos que encontraremos por el camino. 


Junto al arroyo encontraremos preciosas praderas con narcisos, esta vez de otra especie, Narcissus bulbocodium ssp validus. Esta especie también es bastante antigua y se restringe a lugares húmedos, con cierta altitud y precipitaciones. 


Por desgracia, a pesar de que el camino estaba bastante limpio, encontré varios residuos humanos arrastrados por la corriente. Esto refleja que aún hay mucho que hacer en cuanto a educación ambiental, como en todas partes. Espero que los niños con los que he trabajado esta semana sean la semilla de una nueva sensibilidad en la zona y estas imágenes sean cada vez menos frecuentes. 

A pesar de que la luz se me iba acabando rápidamente, aún conseguí ver los fantásticos paisajes del Geositio Apreturas del Almonte: el buzamiento vertical con los estratos de cuarcita afilados hacia arriba, como dientes que hubieran desgarrado el paisaje en una lucha de fuerzas gigantescas que habían formado este impresionante farallón. 



 Después de pasar estas impresionantes formaciones en las que, de haber sido más temprano, habría podido observar aves rupícolas típicas de estos paisajes, el río Almonte se tranquiliza un poco para continuar su viaje en dirección al río Tajo en medio de otros asombrosos paisajes. 

viernes, 20 de enero de 2017

Feria Agroalimentaria del Geoparque en Berzocana.



En Diciembre de 2016 se celebró la I Feria Agroalimentaria del Geoparque Villuercas en Berzocana. Yo he participado con algunos talleres de cata y degustación de productos locales, como la Miel Denominación de Origen Villuercas y el Queso de Cabra Denominación de Origen Ibores.




En la entrada nos esperaba nuestra amiga Soraya, la estupenda arqueóloga que se encarga del Centro de Interpretación de la Arqueología de Berzocana, entregando información y explicando todas las opciones de la Feria.


Había puestos de artesanía, de cooperativas de aceite, de queserías de varias localidades del Geoparque, de embutidos, carnes y chacinas típicas de la zona, incluso de esencias destiladas artesanalmente.


Después de una pequeña charla sobre el proceso de elaboración de la miel por las abejas, la posterior extracción y los tipos que se obtienen a partir de diferentes pólenes de flores, hicimos una cata sensorial y posteriormente degustamos las variedades de miel junto con patatera de la zona y pan casero. Tuvimos seis variedades: azahar, lavanda y espliego, milflores, bosque, brezo y encina, de producción local.






Al día siguiente, tuvimos la actividad sobre el queso de los Ibores. Tuvimos cuatro variedades, viejo, curado, semicurado y semicurado con pimentón. Hablamos sobre la importancia de mantener los usos tradicionales del lugar y de la función de conservación de la naturaleza que tiene; del proceso de elaboración tradicional que tienen los quesos de DO Ibores; y finalmente del método de cata de queso, acompañado de una degustación de los quesos que teníamos expuestos para ello.



Los asistentes disfrutaron con la degustación independientemente de su edad; todo el mundo salió muy contento de los talleres que, dicho sea de paso, tuvieron una afluencia masiva.


 


domingo, 18 de diciembre de 2016

Ruta al Camorro (Castañar de Ibor)


Un día frío de diciembre pero bastante soleado hemos subido a lo alto del monte Camorro, en Castañar de Ibor, uno de los geositios del Geoparque Villuercas. El comienzo de la ruta es el mismo que el de la ruta a los Castaños de Calabazas, pero cuando se llega al collado del Camorro se toma el desvío a la derecha, y en vez de bajar a la garganta del Calabazas se sigue ascendiendo por la ladera del monte, cubierto por los robles ya desnudos. 



La subida se hace por un camino que se va estrechando, rodeando el monte Camorro por detrás, hasta convertirse en un pequeño sendero. Las aves, carboneros y herrerillos, petirrojos y hasta un escribano montesino, nos acompañaban. Hicimos varias paradas para aprovisionarnos de madroños, que estaban cubiertos de estos frutos rojos y dulces, y algunas castañas que encontrábamos en el suelo. 


Desafortunadamente nos quedamos sin batería poco antes de alcanzar la cima, por lo que no tenemos fotos de este momento. Cuando empezaban a escasear los robles y otros árboles, el monte se volvió verde: estaba cubierto de jaras (Cystus tsilosepalus) que atestiguaban algún tipo de alteración, probablemente algún incendio. 


El sol calentaba a pesar de haber amanecido helando. Nos comimos nuestras provisiones como si fuéramos ardillas mientras disfrutábamos como lagartos al sol; la subida, algo difícil en los últimos momentos, había sido un poco difícil, o más bien costosa, por la pendiente y el suelo de tierra suelta, y acusábamos el hambre. Vimos líquenes y algunos hongos que salían sobre troncos muertos o ramas inactivas, y encontramos algunos rastros de algún jabalí buscando raíces y bulbos para comer. 

Sin duda un plan tranquilo para un domingo por la mañana. 


martes, 29 de noviembre de 2016

Ruta Castaños Milenarios y geositio de Chorrera de Calabazas


El primer día de helada en Castañar de Ibor salimos con un grupo de chicas de Navezuelas y una familia de Almendralejo para visitar el geositio de la Chorrera de Calabazas  y sus castaños milenarios

Esta pequeña ruta lineal apta para todas las edades, con unos 8 km de longitud (ida+vuelta) que empieza a la salida del pueblo Castañar de Ibor, junto al aparcamiento del hotel Solaire, donde encontraremos el cartel que señaliza su inicio.

El sol iba acariciándonos entre las hojas caducas y de los castaños que bordean el camino. Algunos madroños iban haciendo las delicias de los más pequeños, al igual que las castañas; los frutos recolectados por uno mismo siempre saben mejor...



Tras la pequeña subida entre castaños y huertos cubiertos de escarcha temprana, en la que encontramos larvas de tritón pigmeo (Triturus pigmaeus) en un charco del camino y llevamos una animada charla sobre el bosque y sus frutos, llegamos a una zona donde el castañar daba paso a un robledal de brinzales y pies de renuevo que daban otro color al aire. Los pequeños triscaban por las cárcavas de los arroyos y buscaban más tritones, setas y cualquier otra cosa que les llamara la atención, mientras los mayores observábamos las hozaduras de los jabalíes y las huellas de algunos de ellos que dejaban en la tierra negra. 


Foto de grupo en los Castaños de Calabazas
Al final del sendero que llaneaba entre los robles encontramos por fin el primero de los 17 grandes castaños, protegidos como Árboles Singulares, que iban a acompañarnos: se trata del Castaño del Postuero, de 700 años, que por estar alejado del arroyo de Calabazas, que da nombre al lugar, ha desarrollado unas largas y llamativas raíces por fuera del suelo para conseguir el preciado líquido. Nos llamó la atención además su gran diámetro y tratamos de abrazarlo (intentando no pisar sus raíces, por supuesto) para lo que necesitamos casi 10 personas. Las ramas se levantaban 17 metros por encima de nuestras cabezas y nos preguntamos qué cosas habría visto este castaño en todos sus años vividos.
Hace más de 700 años, cuando el castaño del Postuero brotó de una castaña y apenas sería un brote más en el suelo del bosque, Fernando III el Santo estaba conquistando Jaén, Sevilla o Córdoba, y por supuesto, Extremadura. En estas tierras recién conquistadas, los habitantes ya llevarían siglos aprovechando el castaño como un recurso heredado de tiempos romanos (probablemente), que fueron quienes trajeron esta especie a la Península. Imaginamos todos los hechos históricos, la cantidad de sucesos climatológicos que habría tenido que afrontar, las enfermedades y depredadores que habría sorteado, siempre sin moverse del mismo sitio en el que nació...


Las largas raíces del Postuero que casi alcanzan las aguas del arroyo Calabazas

Un poco abrumados por la edad del fantástico castaño, nos acercamos a otro de los singulares pies que íbamos a ver. Este es otro de ellos, el Castaño del Hueco, utilizado como resguardo antaño por cabreros, tomó esta forma al resbalar el canchal sobre el que está asentado, y el árbol se apoyó en el suelo para compensarlo y seguir creciendo hacia arriba. Estas pedreras son muy habituales en esta zona, y son llamadas calabazas o melonares en la región, de ahí el nombre del arroyo.




Falsa oronja, matamoscas (Amanita muscaria)
Más adelante el sendero se estrecha durante un kilómetro mientras transita junto al arroyo a través de una espesura de helechos ala de águila (Pteridium aquilinum). Las niñas iban buscando y fotografiando cada seta que encontrábamos, y nos detuvimos un ratito a contemplar esta preciosa "seta de los pitufos" como ellas dijeron (Amanita muscaria) que crecía bajo un pie de Loro (Prunus lusitanica), una de las joyas de vegetación del Geoparque Villuercas, ya que es una especie de la vegetación arctoterciaria (que estaba aquí antes de la glaciación) y encontró el los estrechos valles de la comarca un refugio contra los hielos perennes que duraron muchos miles de años. En el Geoparque tenemos una de las mejores poblaciones de loro de España, con unos 8000 ejemplares.

Más adelante, cuando ya podíamos escuchar la pequeña cascada de la chorrera de Calabazas, el paisaje que se abría ante nuestros ojos nos obligó a parar para disfrutar de las vistas del valle de Gualija y la sinclinal del Guadarranque, otro importante geositio del Geoparque.



Panorámica del valle del Gualija, las sierras de Valdelacasa y la sinclinal del Guadarranque


Descendimos con mucho cuidado por la pedrera que da acceso a la zona de la Chorrera de Calabazas, que no nos defraudó, a pesar de no llevar demasiada agua. Las niñas y el perro que nos acompañaba se acercaron para ver de cerca la pared mojada sobre la que crecen numerosos musgos con curiosidad; algunas hasta se mojaron los pies y las manos queriendo tocar el chorro de agua que caía desde lo alto de la cascada, unos 6 metros más arriba. El lugar estaba sombrío y húmedo; tras la sesión de fotos comenzamos a notar que el frío se nos metía en los huesos así que decidimos ascender hasta los bloques cuarcíticos en los que daba el sol para encaramarnos a ellos como lagartijas al hastial y comernos los bocadillos. Hablamos de los Castaños de Calabazas, de que están protegidos por la ley como Árboles Singulares debido a su porte y a su edad, y de algunas barbaridades que se han hecho este mismo año en otros árboles singulares extremeños a causa de una mala gestión de los conflictos con los dueños de la finca y el turismo.


¿Se nota que tenemos frío?

Finalizamos la jornada volviendo por el mismo camino que parecía otro, ya que ahora lo vestía la luz del atardecer, con algunos insectos que aprovechaban la tibieza del sol para calentarse y salir. Fuimos recogiendo todas las latas y paquetes de tabaco que encontramos por el camino, ya que a todos nos dolía encontrar toda esta basura y se nos removía algo por dentro. Me alegró comprobar que algunas de las niñas acabaron ayudándome a encontrar y recoger latas y bricks.

Y ya con el sol de la tarde dimos por finalizada esta estupenda excursión, con la sensación del tiempo bien empleado. 

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Ruta de Isabel la Católica en el Geoparque Villuercas

Muy tempranito aparco en Cañamero para encontrarme con Ana y María, quienes me acompañarán para guiar esta ruta interpretada de senderismo. 

La primera parada la hicimos en la Cueva Chiquita, uno de los numerosos aguardos que el hombre del Calcolítico tenía en la zona; nos desviamos hacia la piscina natural de la Nutria (Cañamero), para ver las pinturas rupestres que se conservan en este aguardo. 

Visitando las pinturas rupestres de la Cueva Chiquita,
junto a la piscina natural de Cañamero

Descanso en la Cruz de Andrade
Luego cruzamos el río Ruecas sobre la represa que se cierra en invierno para formar la piscina natural, subimos por el desfiladero del Ruecas, un importante geositio del Geoparque Villuercas, lleno de icnofósiles (en casi cada escalón de piedra se podían apreciar crucianas) y bordeamos el embalse del Cancho del Fresno bajo unos pinares que apenas se agitaban en el día caluroso. Después de un kilómetro o así, nos desviamos para subir hacia la Cruz de Andrade, junto a la cual tuve la suerte de encontrar restos de la presencia de nutrias, a pesar de estar ya a una considerable altura y distancia desde el embalse. Allí nos hicimos los selfies casi obligatorios mientras tomábamos aliento antes de la subidita que nos quedaba hasta el Melonar del Fraile

El calor apretaba; parecía mentira que el fin de semana anterior había hecho el primer frío de este otoño, pues ahora estábamos cerca de los 30  grados. La cuesta se iba empinando cada vez más y empezaron a aparecer árboles de nuevo; esta vez eran encinas y luego, a más altura, algunos robles. Me quedé atrás para acompañar a un par de chicas que estaban algo mareadas, pero llegaron sin problemas hasta el Melonar del Fraile, donde nos esperaba a la sombra el grueso del grupo. Algunos hicieron al broma de "Pues yo no veo ningún melonar" o "¿Aquí se plantaban los melones?" pero nadie se preguntó por el origen del fraile. 
Vistas desde el Melonar de los Frailes

En la comarca, a los canchales o pedrizas que se derrumban ladera abajo, fruto de probables minerías neolíticas en muchos casos, se los llama melonares sarcásticamente, de ahí el nombre de este alto desde el que se domina el desfiladero del río Ruecas. 

Descanso en el melonar
Tras el pequeño descanso, continuamos la subida hasta que alcanzamos el castañar donde está el Castaño del Abuelo, el punto más alto de la ruta a 980 msnm. Unamuno dijo cuando visitó la zona que Subimos a Mirabel, dependencia del monasterio, y bajamos de allí por medio de uno de los más espesos y frondosos bosques que en mi vida he gozado. Jamás vi castaños más gigantescos y más tupidos". Este castaño ya fue citado en el año 1353 como hito de demarcación de Guadalupe, por lo que se le calculan más de mil años. A pesar de que hace un par de años le prendieron fuego, el Castaño del Abuelo sigue vivo con sus 12 m de diámetro medidos a la altura del pecho. 

Rodeamos la valla cinegética que rodea este castañar y nos sentamos a los pies del venerable anciano para comer. Muchos aprovecharon para recoger un buen puñado de castañas que asarán como se hace tradicionalmente en otoño. La castaña es uno de los frutos secos más nutritivos, con un alto porcentaje de hidratos de carbono, y muy bajo en grasas, a diferencia de otros, por lo que es tradicionalmente muy utilizado en las regiones de montaña donde crecen desde que los romanos probablemente los trajeron. 

Después de la comida y el pequeño descanso, continuamos la marcha, ya casi todo bajada, por los bosques de castaños hacia Guadalupe. 

Descenso tras la comida hacia Guadalupe

Tras la última fase de esta ruta, en la que nos detuvimos brevemente en la ermita de Santa catalina, uno de los puntos más importantes en esta vía de peregrinación a Guadalupe, llegamos al pueblo cinco horas más tarde. Habíamos recorrido 15 kilómetros en ruta lineal, menos mal que el bus nos esperaba allí para llevarnos de vuelta. 

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Degustación de queso DOP Los Ibores

Este sábado, si te has quedado fuera de nuestra Ruta del Queso de los Ibores de Geosabor, dentro de las actividades de la Geodisea 2016, aún tienes la oportunidad de venir a la charla sobre los orígenes, la historia y la importancia que tiene esta Denominación de Origen Protegida para la comarca de Los Ibores. Además, aprenderás a catar estos quesos artesanos, famosos internacionalmente por su aroma peculiar y su sabor, con diferentes maridajes que pueden sorprenderte. 




lunes, 31 de octubre de 2016

Visita a explotación caprina y quesería en Navalvillar de Ibor - DOP Los Ibores


Luis el pastor, propietario de un rebaño de cabras veratas en la localidad de Navalvillar de Ibor, en el Geoparque Villuercas-Ibores-Jara, se levanta temprano para atender a sus cabras. Ahora estamos en época de parideras, por lo que no es raro que al llegar con la fresquita se encuentre un nuevo cabritillo saltimbanqueando por el cercado.


Le acompaño al cercado donde tiene a las cabras que están a punto de parir y comprobamos que hay un cabritillo mojadito y rebozado en tierra que sigue a su madre con pasos temblorosos en busca de leche. 

-Este no tiene más de una hora. Cuando bajé a buscarte, aún no había nacido -me dice entre orgulloso y feliz. Casi parece un milagro que un animalito que acaba de salir del vientre de su madre ya sea capaz de corretear y de seguirla a donde vaya.

Cabra verata con capa carrillera 
Los demás pequeños nos miran desde las rejas que los agrupan de dos en dos. Luis me explica que como muchas cabras tiene dos, los primeros días los junta para que duerman con la madre y los atienda por igual. 

-Si los dejo sueltos, están de aquí para allá y es un desmadre. Y al final, la madre no los atiende y se queda alguno escuchimizao

A las demás cabras adultas las hace pasar a la nave, donde les echa un poco de comer para ordeñarlas y conseguir la preciada leche de cabra con la que más tarde elaborará sus  quesos. Y no son quesos cualquiera: son quesos de cabra verata con Denominación de Origen Protegida "Los Ibores". Sin duda, uno de los mejores quesos que he probado en mi vida.

Las cabras veratas son una raza autóctona en peligro de extinción, por lo que está protegida, proveniente de la comarca del valle de La Vera, en Cáceres. Son cabras normalmente negras u oscuras, aunque también las hay retintas con diferentes degradaciones entre los dos colores o con manchas blancas, y cuernos de tipo prisca (es decir, cono enrollados sobre sí mismos). Manteniendo rebaños de las razas autóctonas se hace una gran labor de conservación genética, ya que estas razas se han ido desarrollando a lo largo de cientos de años y son las que mejor se adaptan a sus lugares de procedencia. 

Ahora que están en época de parideras, Luis las tiene en el cercón, pero habitualmente las deja sueltas para que aprovechen los recursos del monte, en invierno en las dehesas junto al pueblo y en verano en pastos más altos, cruzando la sierra hacia las lomas de más al norte. 

Después de ver las preciosas cabras, bajamos a la quesería. Nada más entrar en "La Flor de las Viguillas" se percibe ese inconfundible olor a leche fermentada, y levemente a establo y a cabra. Es una quesería pequeña, que atiende él solo de manera artesanal. Cuando saca uno de sus quesos de la cámara donde terminan su maduración de 60 días como mínimo, lo aprieta con el dedo para ver si está en su punto y frota la cáscara con un trapo. El queso es totalmente artesanal, hecho con mimo y con el tiempo necesario para que tenga todas las características y la gran calidad de esta Denominación de Origen. 

Usando un cuchillo afilado lo abre, corta una cuña de color marfil y me la ofrece. La huelo casi como si fuera algo sagrado, y pruebo un pedazo.

Si queréis saber lo que pasó a continuación, no os podéis perder la Ruta con cata del Queso de los Ibores que hacemos la semana que viene dentro de las actividades de Geosabor en el Festival de la Geodisea de las Villuercas. El día 5 de noviembre os esperamos en Navalvillar de Ibor a las 11:30 para ir a visitar a las cabras del señor Luis, dos queserías y catar todos los tipos de quesos que se hacen en esta Denominación de Origen de Los Ibores. 

domingo, 15 de mayo de 2016

Parque Periurbano Tres Arroyos (Parque Antonio Cuéllar) - San Isidro Labrador


Ermita de San Isidro

El parque periurbano “Antonio Cuéllar”, también conocida como Dehesa de San Isidro o de Tres Arroyos, se encuentra al suroeste de la ciudad de Badajoz, a unos 5 km de la misma por la carretera de Corte de Peleas.

Como comentaba el mes pasado en el programa de Canal Extremadura Radio "Verde que te quiero verde" Esta finca, de unas 240 ha, fue adquirida por el ayuntamiento en 1973. En el año 2000 se hicieron obras para crear una charca con función ecológica, declarada como LIC (Lugar de Interés Comunitario) y además se añadieron barbacoas y merenderos para adecuarlo al uso recreativo que suele tener, ya que son muchos los pacenses que acuden a este lugar en los días de fiesta, cuando hace buen tiempo, o en la romería de San Isidro, el 15 de mayo, cuando se llena a rebosar. En el año 2014 se declaró Parque Periurbano, junto con la construcción de un aula de naturaleza para escolares y visitantes donde realizar educación ambiental. En 2015 se declara "Parque Periurbano" para incrementar la protección de este área. 

El municipio de Badajoz tiene un clima mediterráneo continentalizado con influencia atlántica, debido a la cercanía de la costa portuguesa. Tanto la humedad como los vientos son reducidos, aunque es frecuente la aparición de nieblas. Los inviernos son suaves, con mínimas que rara vez bajan de los 0°C, y los veranos son calurosos y secos, con máximas que suelen estar en torno a los 45°C. Las precipitaciones son irregulares, con una media anual de 475 mm, con máximas en noviembre y diciembre, ya que en otoño el clima es más inestable que en el resto del año, produciéndose tormentas con cierta frecuencia.

La vegetación de la zona es la de un bosque adehesado mediterráneo, esclerófilo y perennifolio compuesto de encinas (Q. ilex rotundifolia) y acompañadas de vegetación arbustiva, que se compone de jara morisca (Cistus salvifolius), jaguarcillo blanco (Halimium umbellatum) y aromáticas como el cantueso (Lavandula stoechas) principalmente, apareciendo matas del mágico torvisco (Daphne gnidium) al pie de las encinas. 

Como su nombre indica, el paraje está cruzado por tres arroyos: el arroyo de San Gabriel, el arroyo de la Caldera y el arroyo Pozo Pedrero, que se adecuaron hace diez años. En estas zonas, donde se conserva mayor humedad, encontramos algunos alcornoques, y mestos (híbridos de encina y alcornoque, arrancados en muchos casos por tener una mala producción tanto de bellota como de corcho), aunque son raros en esta zona. En los cauces se aprecia una gran abundancia de tamujo (Flueggea tinctorea), una especie riparia, endémica de la Península ibérica declarada como "de interés especial" en extremadura; juncias (Cyperus eragrostis) y juncos churreros (Scirpus holoschoenus), junto a algunos pies dispersos de chopos (Populus nigra) y álamos (Populus alba). En zonas más afectadas por la actividad humana, como las cunetas y parcelas abandonadas, podemos encontrar espárrago triguero (Asparagus aphyllus), tojo (Ulex eriocladus) o ahulaga (Genista hirsuta), así como una gramínea perenne muy abundante, Dactylis glomerata, que tapiza los lugares donde los matorrales han desaparecido. 

Sin embargo, en las zonas cercanas a la contigua urbanización de Tres Arroyos pueden encontrarse especies foráneas, fruto de escapes de los jardines de la urbanización. Algunas especies invasoras han colonizado las cunetas y algunos lugares poco cuidados, como el espino de fuego (Pyracanta coccinea), la hierba de la pampa (Cortaderia selloana) o la chumbera (Opuntia maxima), todos utilizados profusamente en el ajardinamiento de las parcelas. Por otra parte, hay varios enclaves con una masa forestal importante de eucalipto azul (Eucaliptus globulus) que son aprovechados como materia prima, aunque la mayoría están siendo arrancados para sustituirlos por reforestaciones de vegetación autóctona. 

miércoles, 4 de mayo de 2016

Verde que te quiero verde - Ruta de Los Molinos del Río Almonte

Un viaje al pasado, cuando apenas se rompía el silencio de la naturaleza si no era por los usos tradicionales del río Almonte a su paso por las Villuercas bajas: los molinos, mudos testigos de un pasado no tan lejano, extremeño y natural.




Molino del Tío Venancio. Río almonte (Aldeacentenera)

Ven a disfrutar del Slow Travel en un lugar que te transportará a las raíces de nuestra tierra y te conectará con lo más profundo de su esencia.

Molino del Tío Teodoro. Río Almonte (Aldeacentenera)