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sábado, 3 de febrero de 2018

Pajareo de invierno por la Albuera - Ver aves en Badajoz

Como el finde daba bueno, estuvimos también de paseo por las estepas que hay entre La Albuera y Valverde de Leganés en busca del bando de avutardas que suele haber por allí, y encontramos algunas so5presas. 

Tarabilla (Saxicola torquata)
Antes de salir nosacercamos hasta la urbanización de Campofrío y vimos algunos gorriones morunos (Passer hispaniolensis) y algunas tarabillas (Saxicola torquata) que saltaban entre los alambres de las vallas juguetonas. 

Luego nos dirigimos a mi área habitual de campeo en busca de las avutardas. Y en cuanto encontramos una finca sin viñas ni olivos, allí estaban, punteando la tierra parda y seca. 

Avutardas (Otis tarda

Javier y yo estimamos que habría entre 150 y 200 avutardas en total. El aire rielaba a pesar de que la temperatura era la apropiada para estas fechas. Paramos para observarlas con detenimiento desde el telescopio pero no se veía a ninguna haciendo la rueda (la parada nupcial)



Algunas cogutas (Galerida cristata) revoloteaban  por el borde del camino, pero no había tantas como estoy acostumbrada a ver. Las lavanderas (Motacilla alba) blancas también nos acompañaban en el paseo y escuchábamos alondras (Alauda arvensis) y avefrías (Vanellus vanellus). 

Pareja de cernícalos vulgares (Falco tinnunculus) posados en un poste eléctrico. 

Cuando llegamos cerca de una charca de riego, vimos un bonito espectáculo. Una pareja de cernícalos vulgares (Falco tinnunculus) se apareaba delante de nuestras narices y jugaba en pleno cortejo. Disfrutamos de sus vuelos acrobáticos y de las peleas entre machos durante un rato y luego nos asomamos a la charca, donde pudimos ver un buen bando de ánades reales (Anas platyrhyncos) y algunos zampullines chicos o comunes (Tachybaptus ruficollis). 


Pareja de elanios azules (Elanus caeruleus)
Pero a la vuelta aún nos esperaban más sorpresas. Cerca de las cajas nido de las carracas (que aún no han llegado de África) nos paramos sorprendidos a ver una pareja de elanios azules (Elanus caeruleus) dando volteretas en el aire. Se respira primavera por todos lados!! Fue la primera vez que los veo tan cerca, una de mis aves preferidas. 

Además, una pareja de aguiluchos pálidos (Circus cyaneus) se burlaba de nosotros apareciendo y desapareciendo entre os campos ondulados. Nos dimos cuenta de que las avutardas aún seguían más o menos en el mismo campo y se les sumaban algunas cercanas. En total, 32 especies en una mañana muy interesante y con buena compañía. 

Una bandada se une al gran grupo de avutardas que pasta en la estepa. 

lunes, 15 de febrero de 2016

Avutardas y Grullas en los Llanos de la Albuera

Avefría (Vanellus vanellus)
El día no se levanta demasiado nublado, y mientras desayunamos Javi y yo, vemos cómo las nubes se van despejando. Hoy va a ser un buen día de pajareo. 

Nos dirigimos en coche hacia la Albuera, una pequeña población al sureste de la ciudad de Badajoz, rodeada de campos de cultivo. Vamos en busca de dos grandes: grullas y avutardas (y si fuera posible, sisones y alcaravanes... aunque eso lo vemos más difícil)

Milano real (Milvus milvus)
Vamos despacito por la carretera que une La Albuera con Valverde de Leganés, que tiene poco tráfico un domingo por la mañana, y nos vamos parando en los apartaderos para observar los campos que nos rodean. Hay olivares y viñas, pero también campos de regadío o en barbecho. Los milanos reales sobrevuelan planeando las lindes, en busca de algún ratoncillo o incluso algún saltamontes que llevarse al pico. Apenas hace una brisa y el sol empieza a entibiarnos. 

Bandada de grullas (Grus grus)
Casi enseguida escuchamos un trompeteo, y nos quedamos alerta en busca del bando de grullas. Al fondo lo vemos, unas 50 grullas nos sobrevuelan en dirección norte... no sabemos si aún van a buscar bellotas a las dehesas o comienzan su largo viaje de vuelta a Noruega. 

Después de dar la vuelta en Valverde para repetir el recorrido, nos paramos en un entrante de la carretera, donde hay una casa abandonada y pusimos los telescopios. A lo lejos, como a tres o cuatro kilómetros, divisamos un bando de avutardas bastante grande. Gracias a las nuevas tecnologías, cogimos referencias de varios puntos visuales y las ubicamos sobre un mapa digital, para poder aproximarnos algo más y verlas más cerca

Nos acercamos con el coche y nos adentramos por los caminos agrícolas guiados por el GPS. Cuando estábamos a punto de llegar a la zona, bajamos del todo las ventanillas y aminoramos la marcha con las cámaras preparadas. 
Avutardas (Otis tarda)
Javi vio la primera, y en cuanto apuntamos con los prismáticos, nos dio la sensación de que estaban plantadas entre las flores amarillas del regadío. Por todas partes salían cabecitas, y cuando nos dimos cuenta, el horizonte estaba lleno de ellas. 


Disfrutamos de ellas durante un buen rato, hasta que una de ellas decidió echar a volar. Las demás, muy susceptibles, la acompañaron enseguida y vimos cómo el cielo se llenaba con varias decenas de ellas. Las avutardas son las mayores aves que pueden levantar el vuelo; están en el límite de peso para volar.   

Bandada de avutardas

Tras el emocionante encuentro con las avutardas, nos dirigimos al embalse de Piedra Aguda para completar la mañana con aves acuáticas. Por el camino, nos encontramos con las ruinas del Convento Madre de Dios, que está abierto para visitarlo, aunque la restauración se ha quedado a medias. Es un lugar genial para hacer juegos de rol, o simplemente explorar habitaciones y corredores abandonados. 




















En una de las capillas de la iglesia encontramos una pequeña comunidad de murciélagos, apenas de cinco individuos. Nos extrañó mucho que sólo hubiera esos pocos, con la cantidad de espacios adecuados para ellos que había. Apenas había cagarrutas o huellas de ratón u otros pequeños mamíferos, aunque en la torre se escuchaban zureos de palomas.



Después de explorar el edificio del siglo XVI, seguimos con el paseo hacia el embalse. Al llegar al agua, descubrimos varias parejas de somormujo lavanco (Podiceps nigricollis) en plena danza de celo, que nos entretuvieron hasta que el hambre nos avisó de la hora. ¡Era medio día y había que volver a casa!

Pareja de somormujos lavancos (Podiceps cristatus) en danza de cortejo.